Imagínense, la dificultad a la que se enfrentaba Jímer. El principio fundamental de una relación sana es que los formantes deben encontrarse en la misma jerarquía. ¿Cómo podía él, un ser de carne y hueso, yuxtaponerse al infinito de la agua? En el estado en el que se encontraba, moribundo y necesitado, no iba a conseguir nada.
Omnipresencia, omnipotencia y eternidad. Esas son las propiedades de los dioses. Jímer era consciente que la omnipotencia puede producir omnipresencia y eternidad: ser una fuente de energía pura, sin ningún tipo de alimentación, le haría ser eterno, debido a que no existiría la destrucción si existe la creación. Consecuentemente, la omnipotencia y la eternidad le harán ser omnipresente, pues toda la energía que disipará acabará llegando a todos los rincones del universo.
Jímer había logrado avanzar sin ninguna fuente de alimentación salvo su voluntad de conocer el origen de la agua. Pero, al fin y al cabo, su voluntad estaba alimentada de su deseo, aunque, ¿qué era lo que le alimentaba a su deseo? ¿Qué era lo que le alimentaba su obsesión con llegar hasta la cima? La agua que bebía, pensaréis.
Dentro de sí, veía que podría haber una fuente de energía inagotable. Su obsesión no se desvanecía, quería continuar, quería llegar al origen y estaba seguro que, aunque en su ascenso no tendría agua, podía avanzar.
Su éxito sólo dependía de deshacerse de aquello que no le hacía omnipotente, pues la agua no querría a nadie obsesivo que quisiese acapararla. Tenía que librarse de su obsesión, lo único que le hacía ser algo, deshacerse de su único motivo de existencia. El desvanecerse y hallarse en la nada le haría ser todo, lugar en el cual se encontraría con los dioses, y con ello, con su diosa.
“¡Me convertiré en un elemento como la Tierra, que sin ella la agua no podría desplazarse!”
“En mi soledad, sin la ayuda de nadie ni de otra luz, seré capaz de crear la mía propia. ¡Todo el mérito será mío!” “Entonces, con luz propia, no dependeré de nada ni de nadie porque ya no necesitaré de la luz de los otros. Y para entonces, serán ellos los que dependerán de mi”
Jímer tenía mucha meditación por delante, pero, ya tenía un plan de evolución metafísica que le ayudaría a alejarse de su obsesión.
Volviendo la cabeza hacia arriba, a Jímer le pareció ver a alguien de nuevo, pero muy diferente al ser rojo que se acababa de encontrar.
Volviendo la cabeza hacia arriba, a Jímer le pareció ver a alguien de nuevo, pero muy diferente al ser rojo que se acababa de encontrar.
Jímer, fue hasta él. “Seguro que se trata de mi reflejo, mi antiguo reflejo, el que andaba necesitado” Pensó, ya que dicho hombre tenía un aura de auténtica depresión, como era él antes.
“¡Tendré que combatir contra mí mismo!” Pensó.
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