A medida que Jímer se acercaba, podía apreciar cómo era aquél muchacho. Esta vez, era un 'humano', igual que Jímer; pero su vestimenta, su aura, era bastante más 'apetecible': aunque estuviese llena de negatividad, desprendía mucha energía.
Jímer ya se encontraba justo en frente de él. Dicho joven estaba sentado, llorando.
Jímer le preguntó:
“¿Qué hace usted aquí, joven? ¿Y qué le ocurre, que se le ve tan triste?”
El joven, entre lloros, le contestó: “Lo he perdido todo, todo por lo que vivía y todo lo que amaba”
Jímer pudo verse a si mismo, pero la expresividad de aquél chico era mucho mayor que la que él tenía.
El joven siguió:
“Las aguas de aquí me amaban, era yo el motivo por lo que iban por este cauce. Kelia, la diosa de la vanidad, me trajo aquí para ser el eterno amante de la agua, pero ella ha desaparecido..."
Jímer no podía creérselo. Acababa de conocer a alguien que amaba a las aguas, y éstas, le amaban a él.
Encima, Kelia, la diosa de la vanidad, le había ayudado. Para quienes no lo sepan, la agua le gustaría ser tan femenina como Kelia, ambas diosas son muy amigas, pero Kelia tiene un cierto control sobre la agua.
El joven siguió:
“Lo tenía todo con ella. Yo soy humilde y me conformaría sólo con esta agua…Pero ya no está. Dios mío…creo que me voy a morir. Ya no tengo ganas de seguir viviendo, la muerte voluntaria es mi única salida a todo este sufrimiento.” Y rompió a llorar.
A Jímer le abrumaban sus pensamientos: sentía una inmensa envidia por ese joven, el cual había vivido más intensamente esa experiencia con la agua porque Kelia le había ayudado; tuvo mucha suerte de conocerla. Jímer tuvo que currárselo mucho por la agua, y dicho joven ya lo tenía todo hecho. Encima, él lloraba y se quejaba, hasta deseaba morir. Jímer se mantenía fuerte aunque él nunca recibió favoritismos.
Jímer le dijo:
“Tú has sido muy agraciado por tus circunstancias y yo he tenido que sufrir mucho y encima he corrido la misma suerte que tú; seguro que yo me las merezco mucho más”
El joven no dijo nada.
Jímer siguió:
“Por cierto, no me...”
Jímer calló al ver que alguien se aproximaba por el bosque. Dicha figura le parecía familiar. Cuando al fin se acercó, pudo comprobar que se trataba de Ænair.
"¿¡Qué haces aquí!? ¿Has estado siguiendo cada uno de mis pasos?" Gritó Jímer.
El chico depresivo, al ver a Ænair, se levantó y dijo: "Bien. Dejémonos de gilipolleces".
"Así mejor" Dijo Ænair. "¿Qué conclusión habéis sacado? La agua quiere a Hunder, ¿no es así?". Jímer no sólo descubrió el nombre del muchacho; sino también, ante su espanto, que ambos se conocían.
Hunder dijo: "Sí. Primero fue Jímer, luego yo. ¿Quién es el siguiente?" Jímer no podía creer que Hunder supiese su nombre, ni que supiese la cronología de todo lo ocurrido.
Ænair siguió:
"Yo tengo información de que eso no es así, que lo sepáis. Pero sólo es mi palabra. No voy a meter a nadie más en este asunto. Si queréis lo creéis, y si no, no. Así que mejor no, sigamos."
Jímer no aguantaba el secretismo y el ocultismo que desprendía Ænair, él quería saber todos los detalles, por muy dolorosos que fuesen.
Ænair continuó hablando:
"Así que lo que tenemos, es que la agua quiere a Hunder. Y la verdad, yo creo que habría que ayudarla a decidirse. ¿Pero cómo hablar con ella?"
Hunder propuso: "La manera es Keila." Ænair respondió: "¿Para qué hace falta Keila?"
Hunder respondió: "Ella es la única que puede contactar con ella. Mediante este manto divino" Hunder sacó de su bolsillo un manto dorado, con el símbolo de Keila en su centro. Jímer dijo:
"Yo también sé cómo dar con ella. Con mi luz, con mi voluntad, seguro que la encontraremos en la cima de la montaña"
Ænair, tras suspirar, respondió: "Claro, Jímer, pero a ti no te quiere. Es a Hunder. Con ese manto seguro que podremos dar con ella."
A Hunder tampoco se le veía muy convencido: "Entonces ¿por qué ha desaparecido? Creo que no nos quiere. Seguro que está en otro lugar, con otro; o con varios a la vez. Mi teoría es que la agua nos ha querido a los tres, pero no ha tenido la valentía de decirnos que ya no." A medida que avanzaban sus palabras, su expresión entristecía.
"El caso es..." Decía Ænair. "Que cada uno de vosotros pensáis que la agua es una cobarde, y que en realidad, os continúa amando...U os amó en algún momento... U os amó a los tres a la vez... O a cuatro o a cinco...".
Jímer dijo: "Vaya, creo que sólo éramos Hunder y yo al principio. Ahora sé que tú, Ænair, también".
Ænair respondió: "Os digo, hay más. Y os digo, a la vez. Pero no tenéis por qué creerme. También os digo que jamás aportaré pruebas de ello. El asunto es, que sé varias cosas, pero que jamás os las contaré. Espero que me entendáis."
Jímer volvió a decirle: "¿Así que sigues ocultándonos la verdad? También cabe la posibilidad que la agua vea a todos como a su amante"
Ænair contestó: "Bien, vamos a ver. No quiero entrar a juzgar a la agua, porque no sé los motivos que le llevan a actuar así. A pesar de las horas y horas que he hablado con ella, con una relación diferente a las vuestras, imagino. Así que, si te soy sincero, no tengo las conclusiones del tipo que buscáis. Bueno... O al menos no estáis preparados para oírlas, y no las creeirías, la verdad. No podríais aceptarla."
Jímer podía ver el abatimiento de Hunder, al observar que el contexto no era demasiado aragüeño. Jímer aún tenía fuerzas para responderle a Ænair:
"Da igual que te creamos o no. No sería problema tuyo"
Ænair siguió: "Te equivocas. Sí que sería problema mío. Los hechos están ahí, con lo que tenéis ya debería ser suficiente para obtener el resultado. Simplemente no queréis verlo, y es comprensible. No me interesa nada deciros lo que yo pienso del asunto. Sino que reflexionéis, pero en el fondo es igual. Si lo lleváis bien, pues adelante. Buscadla."
Jímer dijo: "En serio, es insoportable tu ocultismo. ¿Acaso son tus conclusiones que ella ha estado jugando con nosotros? ¿Que nos ha usado como marionetas?"
Ænair se asombró al escuchar a Jímer, y dijo: "...Eso es lo que me dijo ella. Pero no tiene porqué ser cierto. La realidad, al fin y al cabo, es la de vuestros sentimientos."
"Yo quiero conocer la verdad, quiero conocer la auténtica verdad de la agua y saber a quién únicamente quiere." Dijo Jímer. "Yo también" Añadió Hunder, levantando su barbilla.
"De acuerdo, entonces. Seguid adelante." Dijo Ænair, con tono cansado y enfadado. "Haced todo lo que tengáis en vuestra mano, luchar por ese sentimiento que tenéis. Espero no tener que consolaros la próxima vez que volvamos a encontrarnos."
Jímer y Hunder se miraron, desafiándose. Jímer dijo: “Entre los dos podremos hacer que vuelva la agua y hacer que escoja por alguno de los dos, a ver quien se merece beber de ella.”
Jímer estaba seguro de que Hunder pensaba que las aguas le escogerían a él, pero también estaba seguro de que Hunder no sabía de lo que Jímer era capaz…
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