Capítulo 08

¿Qué podían hacer para que la agua volviese? Ninguno de los dos lo sabía.
Hunder, depresivo, decía que ya esperaría a que Kelia le volviese a ayudar, para luego utilizar su manto.
Jímer, que nunca fue ayudado por nadie, quiso buscar por él mismo la solución.
Entonces, mientras Hunder esperaba bajo la sombra de un árbol, Jímer marchó.

Jímer fue en busca de la agua, recorriendo por la misma altura en la que se encontraba, para no perder el ascenso hecho, hiendo por las zonas donde había más posibilidades de encontrarla. Ni rastro. El paisaje, incluso, parecía cada vez más desértico.
Al final, cansado de buscar, quiso llegar al orgien de la cuestión, como decía su profesor de geología: cogió la roca más dura que encontró y buscó el suelo más blando. "Pico y pala" Se dijo, y comenzó a escarbar.
Tras varios días, cavando hacia el interior de la montaña sin saber muy bien si al final encontraría algo, acabó perforando las paredes de lo que parecía ser una cueva. "¿Acaso esta montaña es hueca?" Se preguntaba Jímer, ya aventurándose por el interior de la misma.

Cuando Jímer estaba en las entrañas más profundas de la montaña, pudo notar por sus tobillos, al fin, agua.
Jímer se adentraba cada vez más hasta que tenía que nadar. Al final, estaba de nuevo con la agua, pero inmerso en la total oscuridad que reinaba en dicha cueva.
Jímer pudo ver como una luz surgió a lo lejos. Se acercó, y ésta se hizo cada vez más potente hasta producir un gran destello. De éste, apareció una figura femenina, con una expresión triste. Su aspecto, era similar al de Amalia, pero no había ni rastro de su alegría.

"Jímer, ¿qué quieres?" Pronunció una voz etérea que salía de dicha figura.
Jímer dijo: "Por favor, dime, ¿por qué todo esto? ¿por qué has escapado? ¿Quién es ese Hunder? ¿Acaso ya no quieres saber nada de mí?"
Aquél ser etéreo respondió: "Mira, Jímer, siempre me has dado buen consejo y sólo puede verte como uno de mis mejores amigos. Pero ya no podremos volver a estar juntos. No voy a volver a salir a la superficie."

"Pero... ¿Acaso quieres a Hunder?" Preguntó Jímer, preso de la envidia y siguiéndole un silencio,  continuó: "Es un buen chico. Espero que sepa cuidarte." Tomó aire: "Uno no puede vencer teniendo tantos enemigos. Debes dejar que te guíe tu corazón y quitarte toda la mierda que la gente te dice." 
Se dijo, medio para sí mismo.

La agua, al fin, respondió y dijo: "Oye, Jímer, ¿por qué soy así?"
"¿Cómo?" Replicó éste.
"Que porqué soy así, porqué soy ésto, habiendo tantos humanos felices" Enfatizó la agua. 
Jímer ignoró la pregunta: "Creía que podía unirme a tí y estar así para siempre juntos... Espero que Hunder te haga feliz". 
La agua continuó: 
"Jímer, ¿estás enfadado?"
"... Sí, pero así es la vida. Unos ganan y otros pierden".
La agua, acariciándole con su voz:
"La agua que tu buscas se fue hace mucho"
"No, sigue dentro tuyo. Estoy seguro... Huh... ¿Qué es lo peor de mí? ¿Por qué Hunder y no yo?"
La agua contestó:
"Porque tu miras el lado malo de las cosas, piensas demasiado y de las personas ves demasiadas caras malas."

Con esto, la figura de la agua comenzó a desvanecerse. "¡No! ¡Espera!" Gritaba Jímer, mientras todo se volvió en tinieblas y la agua empezó a llevárselo hacia el interior de la montaña. Jímer no podía respirar, estuvo mucho tiempo sumergido, hasta que finalmente salió despedido por un agujero que daba al exterior.

Jímer reconoció el lugar donde estaba, y volvió corriendo hasta Hunder. Éste, muy contento, jugueteaba con la agua que volvía a circular.
Jímer cuando lo vio, le dijo:
“Lo ves, lo he conseguido. Hice que la agua volviese”
Hunder no le hizo mucho caso y siguió con su felicidad.

"Debemos ver a quién quiere la agua. Tú o yo. Acabemos con esto de una vez."
Hunder ofreció el manto dorado a Jímer; para que, entre los dos ,lo sumergiesen en la agua, y así conocer al fin la respuesta a todo.

Cuando lo sacaron apareció el nombre de…

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