Con esa esperanza, Jímer continuó subiendo en busca de alguna respuesta. Pero lo único que encontraba era soledad ante una naturaleza muy distante. Al menos, se iba acercando cada vez más a la cima, su último objetivo. Estaba tranquilo, relajado, alejado de esa ansiedad que le atormentó tanto, y gracias a eso, subió con mayor ligereza. Aún así, el bosque cada vez era más espeso, más sano. La agua lo estaba alimentando como nunca, lo que provocaba más ira en Jímer; además que le dificultaba su avance.
A una cierta altura, donde las rocas ganaban más altura, pudo ver una estructura de hormigón en el horizonte del río. "¡Diantres! ¡Jamás pensé que encontraría una obra del hombre en estos lares salvajes!" Pensó Jímer. Dicha estructura era ni más ni menos que una presa de hormigón.
Cuando se encontró al pie de la misma, pudo descubrir una especie de cabaña en las inmediaciones.
“Así que dicha presa era la que producía esas sequías” Pensó Jímer. La agua, al fin y al cabo, era controlada por el hombre.
Jímer picó a la puerta.
Le abrió una joven rechoncha con muchas pintas de intelectual. Jímer empezó:
“Perdone, soy un escalador del río y mi curiosidad me ha obligado a picar a su puerta; ¿es usted la responsable de esta presa, no?”
“Así es” Dijo. ”Yo soy quien ha diseñado esta presa y la responsable de su regulación. El destino me ha traído hasta aquí y aquí debo permanecer. No me quejo de mi soledad, pues en el fondo no estoy sola, y ahora menos.”
Hizo un paso atrás e invitó a entrar a Jímer.
“Entre, entre. Debe estar muy cansado. Le haré un brebaje para que recupere las fuerzas.”
La cabaña era bastante austera, pero se veía y se palpaba en el aire que la muchacha era una apasionada de la música. Una enorme batería decoraba el salón principal, donde también se encontraba una pequeña cocina. Luego, tenía una habitación pequeñaque serbía de dormitorio, el baño, y la sala de máquinas de la presa, con mil y un botones de regulación de las aguas. Podía controlar a la agua desde que nacía hasta que moría.
La joven invitó a Jímer a sentarse y le trajo una taza de té. Hacía mucho tiempo que Jímer no bebía algo que no fuese agua. Ella le acompañó.
“He sido una maleducada. Mi nombre es Benni. ¿Usted se llama…?”
“Jímer, encantado.” Contestó.
“Jímer, encantado.” Contestó.
“Y dígame. Jímer ¿qué le trae por estas tierras?”
“Pues mire, hace casi 1 año que bebí por primera vez de estas aguas y desde entonces no puedo vivir sin ellas. Decidí escalar este monte para ver la fuente que las producían, para poder ver de dónde salen unas aguas tan preciosas.
He sufrido mil y un problemas. Pero sé que con esfuerzo y superación conseguiré llegar a la cima.”
Benni no levantó la mirada. Cogió su taza de té y le dio un sorbo. Tras un largo silencio y ante el nerviosismo de Jímer, respondió:
"Tiene una visión demasiado romántica de las cosas, por lo que veo. ¿Es que a caso se siente solo y tiene alucinaciones? Las aguas que por aquí bajan no son muy diferentes a las de otro río. Serpentean, alimentan la vida de esta montaña, como todas." Miró a Jimer, sonriendo, y siguió: "Ahora bien, ¿a qué se dedica en la vida? ¿qué es lo que ha estudiado? Le veo muy artista, seguro que Bellas Artes. Todos acaban como usted, de verdad, y lo digo sin querer ser ofensiva."
Jímer pareció no escucharle, y ansioso, preguntó:
"¿Crees que las aguas me tienen miedo? ¿O fuiste tu quien las ocultó durante un tiempo? ¿Por qué no me has dejado disfrutar más de ellas?"
Benni respondió:
"No lo sé, de veras. No sé de qué me está hablando. ¿No le apetece un sorbo más de su té? ¿Por qué no me habla más de su vida de verdad?"
"Ya basta" Se cansó Jímer. "Si no quiere ayudarme, ¿por qué me da cobijo? Sería la persona que más me podría ayudar ahora mismo, pero me intenta evadir con preguntas estúpidas." Y levantándose enrabietado, le espetó "Voy a seguir con mi camino, que es lo que más deseo."
“¿No crees que ya es suficiente?" Dijo Benni, levantándose también. "Las aguas también están cansadas de sufrir. Por eso han decidido estar donde deben estar, que es alimentando a los Árboles y a su contexto. Cualquier otra opción sería demasiado difícil de llevarse a cabo. Las cosas no siempre funcionan como uno desearía, porque si así fuese, el mundo sería un caos. Debemos aceptar lo que somos y seremos siempre; humanos. El destino nunca nos dará lo que verdaderamente soñamos."
Benni se acercó hasta Jímer, y agarrándole de la mano, continuó diciendo:
"Hay que ser realista, ¡vivir en la tierra! Estate orgulloso de tu destino, ¡de lo que eres!"
Jímer apartó su mano y gritó:
"¿Acaso no entiende todo lo que le he dicho? ¿No ve que no podría vivir sin esta esperanza? Yo, lo que soy y por lo que lucho, es por estas aguas. Las quiero y es algo que no puedo quitarme de mi mismo. No puedo luchar contra mi propio yo. Quiero seguir luchando hasta que no me quede esperanza, ¡hasta que no quede nada de yo!"
Jímer, furioso, giró la cabeza y se dirigió hacia la salida, mientras Benni intentaba decirle:
“Reconócelo Jímer. No amas a las aguas, estás obsesionado. Éstas enfermo y debes alejarte para curarte. Ya verás como todo te saldrá bien si lo haces”
Sin escuchar, Jímer abrió la puerta y dio un portazo, seguido de marcharse corriendo hacia la cima de la montaña; mientras que Benni iba tras él, lanzándole argumentos para que Jímer entrase en razón.
Jímer estaba arto. No soportaba nada de eso. Parecía como si todos y todo lo que le rodeaba estuviesen en contra suya.
“No sé de donde saco tanta energía, de donde puedo seguir viviendo ante un alrededor tan hostil” Se dijo, entre penurias.
***
Jímer siguió por aquellos senderos, llenos de verde. Prácticamente no veía el río, pues el espesor del bosque se lo impedía. El odio que sentía por los árboles no podía ser mayor. "¡No soporto más estos árboles!" Decía, mientras apartaba las numerosas ramas que le impedían avanzar.
En cierto momento, escuchó unos movimientos entre la maleza, y pudo observar un rostro más allá. Jímer se acercó hasta él, y a medida que avanzaba, pudo ver de quien se trataba: Ænair.
“¡Menuda caminata, muchacho!” Dijo Ænair “Realmente eres mi h’eroe, ojala hubiese tenido yo de joven tu misma energía” . Jímer le miró con cara de asombro, al ver ese rostro hablar, sin que pudiese verle nada de su cuerpo, aparentemente escondido entre la maleza.
Ænair siguió:
“Verdaderamente nunca pensé que llegarías hasta aquí, dudo que nadie salvo tú lo hubiese logrado” Jímer al fin sonrió, tras mucho tiempo sin hacerlo. Ænair siguió:
“Eres una auténtica mole. La diosa del agua no se te ha podido resistir, te han salido nuevos problemas pero tú has seguido. Alguien con dignidad no hubiera soportado la humillación y los consejos que tú has recibido. Si ya ni eso puede pararte, ya pocas cosas podrán.
Aún y así, tienes un problema, chico, te has enamorado de un polígono irregular de demasiadas caras y demasiado inestable.”
“La agua es demasiado irregular y ésta es los demás. Aunque ella haga todo lo posible por autoconvencerse que no es así."
Jímer bajó la mirada y no dijo nada.
“Estás enamorado de la agua, que vamos a hacerle.
Si necesitas esperanzas, yo te las doy. Has sido increíble hasta ahora, puedes sentirte orgulloso: Has cambiado lo que todos pensaban que era incambiable. Todos pensaban que de la nada no se puede crear, que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Tú has demostrado, con tu pasión inagotable, que puedes sacar energía de donde no la hay, puedes crearla.”
Jímer alzó la vista. Ænair concluyó:
“A ver hasta donde llegas muchacho. Haz lo que de verdad te llene”
El rostro desvaneció. A Jímer no le pareció extraño. Lo único que sentía era una energía que le envolvía todo el cuerpo desde dentro.
Retornó a su camino, esperanzado en encontrar el camino que le igualase a los dioses de los Árboles y de la Tierra.
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